Clipperton #2

Atardecer desde la marina en La Paz, BCS.     Photo by Federico Lepe

El 29 de febrero llegamos al aeropuerto de la ciudad de México como gitanos. Llevabamos 4 Pelican de equipo de cámara, 2 cajas grandes de plástico con tripies, casa de campaña, expendables y cuanta cosa mas. Equipos de buceo, unos tubos para toldo, mas tripies y la poca o mucha ropa que lleváramos y todo entre 4 personas. Cada quién trataria de pasar 2 maletas pequeñas abordo del avión y el resto por abajo. Para bajar los costos del evidente exceso de equipaje se envolvió todo lo que se pudo sobre las cajas con film plástico para hacer los menos bultos o de otra forma sería una fortuna, las lineas aéreas ahora te permiten un bulto abajo y uno arriba si llevas otro por pequeño que sea te lo toman como extra. Terminamos el check in sin mayores problemas y cuando abordamos resulto que el avión era un popotito de 50 plazas con 2 asientos a un lado y uno solo al otro y guarda equipajes mas pequeños de un solo lado, por suerte cupieron las pelican de cámara.

Al poco rato ya estábamos pasando sobre Puerto Vallarta y  volando sobre el mar. Se me hizo buena idea ir viendo por la ventanilla el mar, imaginando por donde pasaríamos los próximos días. Fué medianamente un error pues el mar se veía tapizado de  montón de crestitas blancas. Crestitas? En mi cabeza rápidamente hice la relación de lo que veía a una altura de 25,000 pies y de crestitas no tenían nada eran señoras olas en todo el océano hasta donde pudiera alcanzar a ver. Maldita manía de poner todo en proporción! Y no contento con ese maravilloso apretón de estomago, me acordé que unos días antes en una cena que dieron para los expedicionarios, proyectaron un video de… nunca entendí de que era pero tenía imágenes de un barco de considerable tamaño rompiendo tremendas olas con la proa. Se veía muy dramático, de hecho comenté con alguien sobre cual habría sido la intención de pasar esas imágenes a gente que se embarcaba en un par de días. Pues bueno, si la intención fué generar nerviosismo, en ese momento les falló, pero no contaba con mi capacidad de hacer una rápida edición mental con lo que veía desde el avión. Aparte como, yo si hice mi tarea e investigue el tamaño de los barcos, calado, colores y demás datos. El Lucía Celeste era un barco que perteneció a una flota de pesqueros que de origen fueron diseñados para el mar de Bering con un calado de un metro y medio y sin costillar lo que lo hace resistente al oleaje pero mas difícil de controlar. En mi cabeza ya estábamos en la serie de tv “Pesca Mortal” así que preferí cerrar la cortinilla y leer cualquier otra cosa.

En el avión venian con nosotros solo dos mas de la expedición.  Caroline , la doctora de la expedición, inglesa, muy delgada y muy alta de unos cincuenta y altos años. Hubo alguien que dijo que ese era también el nombre y apellido de una mujer del crew médico del Titanic, esto no lo he podido comprobar pero para efectos mentales no deja de sumarle una rayita al tigre. El otro era Felipe, español , quien  pensabamos que era historiador y parecía hasta ese momento no muy platicador. Ahora que empiezo a platicar de los compañeros de la expedición déjenme decirles que todos nosotros, como escogidos a mano,  formamos una colección del genero Homo sapiens freakasoidensis de primerísima calidad y dignos de cualquier zoológico alienígena. Saben que lo digo con cariño y respeto pero un aplauso a Jon, lider de la expedición, que logró juntarnos y otro a nosotros que regresamos vivos y medianamente enteros apesar de…nosotros. Volvamos al aeropuerto. Ahí estaba una persona para recogernos con un cartel “The Clipperton Project”, se llama Iver (supongo que así se escribe) y le acabamos diciendo de cariño Iver the driver, es un texano muy simpático ya en sus 60,70´s y dueño de un yate en la marina que al parecer se ofreció como chofer de la expedición en La Paz.  Ya con nuestro cerro de cajas y maletas volteo y veo a la doctora con un enorme backpack, con el botiquín, recargado en sus piernas. Llega el buen Iver y con actitud galanezca trata de ayudarle a la doctora con su mole esa y por nada se rompe la espalda, ni lo movió de su lugar. La doc le dice que no se moleste y a una mano lo levanta y se lo cuelga en la espalda. Esa cosa estaba muy pesada. Hector nuestro sonidista, que es como un oso, tambien trato de cargarla en otro momento y solo pujó. Ahí mismo decidí que si había un motín abordo o se ponía ruda la cosa, yo tenía que estar en el bando de la doctora que se cayo al mismísimo caldero que Obelix.

Llegamos a la marina donde estaban atracadas las tres embarcaciones. Abordo del Lucia Celeste conocimos a la tripulación. El maquinista, mecánico y multichambas es “El Tío”, mazatleco y marinero de toda la vida. El divemaster encargado del apoyo en el buceo y la bodega del barco erá Otto, un chilango muy simpático, de actitud astrológica y astronáutica ligera, abogado espacial (Agencia Espacial Mexicana). Y el capitán Beni, Suizo ya mas mexicano que varios, excelente buzo, ex-instructor que apenas  toca el agua y se va solo a buscar el fondo, de ser posible 150 -200 pies. Ya teníamos asignado el camarote de proa para nosotros. El camarote de los documentaleros. Es un camarote triangular con dos camas delgadas arriba a cada lado y dos mas anchas abajo. Yo tomé la cama de la izquierda arriba. Mike, el productor y director, en la cama de abajo. Del otro lado arriba Hector y abajo de él, Santiago, camarógrafo Uruguayo con quien trabajo desde hace ya unos años.  El orden real debió haber sido que Hector, que tiene un tamaño considerable, fuera abajo en la cama mas amplia. Así que, a Santi, por ser el más chaparrito de nosotros y estar en una cama mas amplia, le pidieron que se cambiara a uno de los camarotes laterales para acomodar en su cama a alguien mas. Este era Pablo, escritor mexicano radicando en Barcelona que lleva 8 años investigando y escribiendo un libro sobre Clipperton. Es un agasajo platicar con el y tiene una actitud impecable.

Después entendi lo del cambio de Santi, lo pusieron en un camarote con solo dos camas una chica y otra mediana para acomodar a tres personas. Uno era Enge, escultor escocés de uso rudo que parece el hermano compacto de Ron Pearlman (Hellboy). El otro era Clark, verdadero lobo de mar sazonado ya por darle la vuelta al mundo en su velero con todo tipo de anéctdotas, incluso fué literalmente atropellado en su velero por un carguero de 270 mts en Brasil. Y el tercero era Santi.  En el último camarote, en espejo al anterior, les tocaba a las mujeres que estarían mas cómodas pues solo eran dos. La doctora y  una chaparrita super pilas, siempre con una sonrisa en la cara, o casí siempre. Mia, coreógrafa y bailarina noruega que está terminando una maestría en Israel en “Resolución de Conflictos”  -A ver, que pregunta tienen: Que hace una bailarina en Clipperton? o Esperan que haya algún conflicto entre nosotros, aparte del ya aburridísimo: A quien debe pertenecer Clipperton?  Nunca averigüé ni una ni otra. Por lo pronto, nosotros en un desborde de creatividad ya teníamos toda la intención de pedirle que hiciera una coreografía bajo el agua con el arrecife de fondo  para el documental. -No, si por nosotros fuera, derechito a Cannes!  Para completar la embarcación solo falta Jon, gibraltareño lider de la expedición, que decidió que su camarote sería al aire libre en el roof-garden del Lucía.

Durante el resto del día estuvimos surtiendo las 3 embarcaciones con toda la comida para la vueltecita que nos esperaba. Frutas, verduras, jugos, carnes, tocino, yogurt, cereales, pasta a lo bestia, laterías, alcohol y hasta un pavo entero! Algunas provisiones de los otros barcos se guardaron en el Lucía para el regreso, toda una parte de la bodega eran tambos de gasolina para el velerín. Es muy engañoso el tamaño y capacidad de carga del Lucía. No se cuanto pesaría todo pero había un mundo de cosas en la bodega, la cantidad de cerveza era obscena, 3 barriles de plástico en cubierta con diesel extra que después se utilizarían como boyas para el desembarque, un dinghy, kayaks,  generadores, compresores, equipos de buceo y los tanques a full de diesel.  Una ventaja de los veleros es que aunque pasen dias sin viento o como le dicen de calma chicha, de seguro en algún momento debe soplar el viento y así a fin de cuentas llegas a algún lugar. A diferencia del Lucia Celeste que sin motores no va a ningún lado. Ah, por cierto otro granito de tortura psicológica, cuando estaba investigando en internet las características del barco, seguramente me traicionó  algo que habré leido con anterioridad y busqué “Marie Celeste” y este fué un barco que se encontró abandonado a la deriva en el Atlántico, sin saberse nunca lo que paso con la tripulación. Sir Arthur Conan Doyle hizo algunas teorías al respecto y quedo como una embarcación maldita. Así pués ya pueden darse una idea porque dediqué ese día, a cuestionar a algunos de los compañeros si estaban nerviosos. Estaban todos actuando muy como si nada, como si esto fuera de todos los dias. Era de llamar la atención como los que admitieron el nervio, en ese momento se relajaron, bueno, nos relajamos. Por la noche hubo una reunion en un restaurant a lado de la marina donde pudimos platicar y conocernos un poco mas, cerveza en mano. Se juntaron un par de personajes de la marina, en especial había un par de cuates que tenían su velero ahi y estaban haciendo tiempo antes de volver a zarpar. Parece que es común que atraquen en un puerto y esperen a encontrar gente que le interese zarpar compartiendo gastos con ellos y así nomás como si nada, cruzan el Pacifico en veleros medianos. Uno de ellos queria conseguir sillas de montar mexicanas, parece que son de las mejores, para ir a cambiarlas por perlas negras a alguna isla en el Pacifico del Sur. El trueque parece ser tambien una práctica común. Ahí Este otro chavo, Clark y Tom, que por su look nos referíamos a el como el piratita frances, se juntaron platicando  sus historias, cualquier cosa. Uno le saco la vuelta a un huracán a medio Pacífico, al otro lo atropella el carguero y resulta que Tom, que navega por todo el mundo en un velero que parece ser del tamaño del Island Seeker, recién venia llegando después de ir a Australia para dejar a su novia ahí y venir a La Paz porque le cuesta mas barato sacar el velero del agua para darle mantenimiento que en otros lados. Creo que no es como decir: “Vieja!! ahorita regreso, voy a dejar el carro a servicio” En lo que  esperaba que estuviera listo su velero lo contrato Frank, el dueño del Island Seeker, para que lo capitaneara a Clipperton pues el no tenia mucha experiencia. Estas conversaciones no podían mas que ponerme en perspectiva de lo que es verdaderamente navegar y dejar a un lado el nerviosismo.

Se esconde el sol detrás de la genovesa del Piscis       Photo by Federico Lepe

Al día siguiente, nos pidieron que nos fuéramos en el Piscis para dejarles espacio a los reporteros que viajarían en el Lucía Celeste unicamente hasta Cabo Pulmo, nuestra primera y única parada a 18 horas de La Paz, para una conferencia de prensa. Santiago zarparia a medio día en el Island Seeker y lo dejarían en Cabo Pulmo, ahí lo recogeríamos, ellos no se quedarían para la conferencia. Ese velero tenía que salir uno o dos dias antes que nosotros (Lucía Celeste) para que llegara dos dias después que nosotros a Clipperton. El Piscis saldría al atardecer y el Lucia 2 o 3 horas después. Todo mas o menos calculado para llegar pasando medio dia a Cabo Pulmo. En un recuento de cabezas, la distribución de bulto erá: En el Island Seeker viajaban 6 hasta Cabo Pulmo y de ahí 5 hasta Clipperton. En el Lucia 7 de nosotros (contando a la tripulación) mas una bola de reporteros de TV Azteca, Greenpeace, France 24 y creo que NatGeo. Y en el Piscis de arranque éramos 8. Así zarpamos con un atardecer impresionante a un costado. El capitán es Gwen, un frances hiperactivo que habla perfecto español con un fuerte acento argentino. Apoyandolo en la navegación iba John un ingles de 60+ años que después me contó que su esposa se había quedado con la idea que solo estaría ayudando en La Paz y ahí se quedaría. En algún momento le ganó lo aventurero  y …vámonos a Clipperton! -Me imagino que aún lo tienen durmiendo en la tina! Ya que avanzó la noche algunos tomamos turnos para guiar el timón. A mí me tocó a las 2:00 am pero me quedé despierto casi todo el tiempo, porque cuando me metí a dormir en el camarote de popa que basicamente es una sola camota como de casi 3 metros de ancho, ya estaban acomodadísimos y durmiendo 4 . Solo había un huequito al centro entre Hector y Pablo, los dos pesos pesados que organizaron un conciertazo de ronquidos que ni el motor ahogaba. Entre eso y el arranque de la expedición, intente dormir pero en una hora ya estaba afuera de nuevo. La guardia la hice con Carlos, que parecia que para no marearse se había tomado su dosis de dramamine con cerveza. Parecía que lo habían conectado a corriente directa. Es un artista plástico franco-mexicano rodeado de un aura, digamos, intensa. La facilidad con la que le pasa todo tipo de cosas es impresionante. He de decir que pensé que si alguien iba a reventar, sería el, pero no fué así y de hecho mantuvo un maravilloso sentido del humor. De cualquier forma, seguimos navegando con una luna maravillosa a nuestras espaldas y luces de algunas poblaciónes en la costa a nuestra derecha. Le dejé el timón a Carlos en lo que iba a buscar al camarote mi propia dosis de dramamine, no quería caer con mareos y güacaras. Dicen que una vez que te da hacer que paren es mas difícil porque el barco no va a dejar de moverse en varios días. Solo había que ver a Julie, la investigadora artística francesa, que se la paso abrazada a una cubeta, pero se negaba a tomar medicamento cosa que no entendí porque.  Cuando regresé al puente, algo raro se veía. Carlos estaba hablando solo diciendo algo así como: nononononono!! Mientras veia el timon y el GPS. Caí en cuenta que pasaba cuando ví la luna frente a nosotros y la costa a la izquierda, de alguna forma logró darle media vuelta al velero y ya íbamos de regreso. Enderezamos el rumbo y después de nuestro turno se levantó Gwen para sustituirnos, nos metimos a dormir en las bancas de la cabina a un lado de la cocina.

Salida al atardecer abordo del Piscis                 Photo by Federico Lepe

Llegamos a Cabo Pulmo al mismo tiempo el Lucía Celeste y el Piscis. Anclamos en “Los Frailes”, una playa aledaña y unas lanchas de la cooperativa local nos fueron a recoger para ir a la conferencia en la zona arrecifal de Cabo Pulmo. Una vez ahí varios se organizaron para ir a snorkelear, el buceo no fué posible en ese momento. Se había organizado una comida antes de la conferencia, ahi aprovechamos para conocernos los que no nos habíamos visto. Platique un poco con Kathy y con Manon, las dos biólogas marinas de la expedición. Kathy es tambien escocesa y llegó directamente a Cabo Pulmo desde la Antártica donde estuvo unos meses haciendo una investigación del impacto de los icebergs en el suelo marino y la fauna. Manon es francesa egresada de la UABCS y está en la expedición para adquirir nuevos datos y muestras para diferentes investigaciones en La Paz, por otro lado es instructora de buceo con mas de 2500 buceos y con una gran habilidad para el liderazgo. Terminamos la comida y fuimos a la conferencia de prensa donde se expuso, de la mano con Greenpeace, la problematica que enfrenta Cabo Pulmo ante el permiso para la construcción de un mega desarrollo turístico en manos españolas que amenaza destruir el arrecife mas septentrional del Pácifico. Salimos de ahí en las lanchas para llegar ahora cada quien al barco que le corresponde para levantar anclas e internarnos en el océano dejando atrás toda vista del continente.

Continuará…. prometo no tardarme tanto.

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One Comment

  1. Leo says:

    Promesa incumplida :-)
    La verdad es que me hubiera encantado poder leer el resto del relato.